“Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y nervio de la raza”…… (Augusto Nicolás Calderón Sandino)


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martes, 10 de julio de 2012

Rafael Correa responde a Ana Pastor y manipulación de Televisión Española TVE. Hipotecas España

RUFO MARIN ; COMBATIENTE HISTORICO DE ESTELÌ.

RUFO MARIN . A las siete y cuarto de la mañana aproximadamente, en un lugar llamado las Nubes en el corazón de la cordillera Isabelia, a unos dos días de camino ---sin carga---, del Peñón de Quiagüas en las orillas del río Illas, en una fresca mañana, el 9 de diciembre de 1976, cae en combate contra la guardia somocista el compañero Rufo Marín. En ese momento tendría 26 o 27 años de edad.

 Rufo Marín hijo del pueblo esteliano, hombre nacido bajo la herencia altiva y luchadora de ese pueblo segoviano, nieto del Coronel Rufo Marín, miembro del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua (EDSNN), caído en el combate de Ocotal, y de quien el General Sandino tuviera los mejores elogios que, de un hombre de tan alta estatura, pueda recibir un subalterno.

 Desde temprana edad se integró a la lucha sirviendo de correo entre la montaña y la ciudad. Rufo Marín “El Chino”, como lo conocíamos, pequeño, fuerte, incansable caminador, artesano magnifico, explosivista, armero, guerrero excelente. A Rufo Marín, quien decía que su madre ---humilde mujer esteliana--- era quien lo había reclutado para hacer de su vida lo que siempre fue: una entrega total a la causa de los humildes, lo conocí en La Habana, luego del asalto a la casa de Chema Castillo en diciembre de 1974, cuando estaba por concluir ese año. No lo reconocí. Seguramente ninguno de los miembros del Comando Juan José Quezada lo reconoció, aunque haya aparecido su imagen en la fotografía tomada después de la liberación del Comandante Carlos Fonseca, del Comandante Humberto Ortega y de él mismo, luego del secuestro del avión de LACSA, el 21 de octubre de 1970 por el Comando Juan Santamaría al frente del cual estaba el Comandante Carlos Agüero.

 Rufo Marín cuando es rescatado de la cárcel estaba herido, tenía en su cuerpo varios impactos de bala, recibidos en la primera acción de rescate del Comandante Carlos Fonseca, de la cárcel de Alajuela semanas antes. Había llegado a Costa Rica con el Comandante Carlos Fonseca, a mediados del año 1969, como consecuencia de la acción de recuperación económica en el Banco de la URUCA en San José, cae preso el Comandante Carlos en agosto de ese año.

 Rufo fue cuidado en la cárcel por los prisioneros, ya que el tratamiento que le dieron las autoridades costarricenses fue muy deficiente. Él contaba que eran los presos de la cárcel los que lo habían estado velando, ya que estuvo al borde de la muerte. Hombre de gran nobleza, sencillo, humilde, pero de un temple firme y decidido, se entrenó en Cuba y participó con el Comandante Carlos Fonseca, Carlos Agüero y otros compañeros en un curso de preparación militar en la República Popular Democrática de Corea.

 Padecía, como consecuencia de la cárcel de una afección en los oídos, sobre la cual había recibido tratamiento en la República de Cuba y la recomendación de los especialistas fue que debía evitar la humedad y el frío. En esos años difíciles de la lucha contra la dictadura, se impulsaba el movimiento guerrillero precisamente en montañas llenas de humedad, bautizadas por torrenciales lluvias, a lo largo de casi todos los meses del año. El lugar donde se encontraba el campamento central de la guerrilla era precisamente un lugar contrario a la recomendación de los médicos: húmedo y frío. Eso hizo que la afectación a los oídos se mantuviera y se agravara a tal punto que el Chino perdiera gran parte de su capacidad auditiva. De tal manera que llegó un momento que estábamos conversando frente a él y sólo se ponía a reír porque no nos entendía lo que le decíamos, teníamos que gritarle.

Hay que recordar que luego de su estadía en La Habana por varios años, Rufo regresa al país a mediados del año 1975, incorporándose al trabajo clandestino en el departamento de Nueva Segovia.

A finales de ese año se da una represión bien fuerte por parte de la guardia somocista en diferentes lugares del país: en occidente, en Managua y es detectada una escuela de entrenamiento que teníamos en el departamento de Nueva Segovia. Se ven debilitadas las redes clandestinas en la ciudad de Ocotal. Rufo tiene que salir rápidamente de ese lugar a la ciudad de León, a una casa en el barrio Subtiava, de colaboradores nuestros.

 El Comandante Roberto Calderón, recuerda que llegó de chinelas, con una camiseta de esas sin mangas, que usaban en ese entonces los jóvenes, con el pelo alborotado, como chavalo vago, para pasar desapercibido por los retenes de la guardia somocista. Rufo contaba que cuando salió de Ocotal hacia Managua (esta es una de las facetas también del Chino, que era un hombre con gran sentido del humor) un colaborador de Ocotal le decía que él era como “Kalimán que luchaba por los pobres”.

En ese entonces se pasaba una novela por la radio de ese personaje “Kalimán”, que era un luchador por las reivindicaciones de los pobres y el colaborador miraba en Rufo la encarnación que mentalmente había creado de aquel personaje. Antes de partir a la guerrilla, en los últimos días del mes de diciembre de 1975 nos reconcentramos en una casa de Managua, cerca del Hospital Ocón, ahí por (el parque) Las Piedrecistas, donde preparábamos las mochilas, todo lo que llevábamos y realizábamos sesiones intensivas de ejercicios físicos dentro de la casa, Rufo era en ese entonces el instructor de tales ejercicios. Siempre tenía un carácter afable, tranquilo y hasta en sus poses de hablar, de sentarse con la pierna cruzada, tenía la viva imagen del campesino nicaragüense, hablaba con un deje, como cuando uno tiene un problema en la nariz, un poquito ñajo.

 El 1º de enero de 1976 entramos a la guerrilla vestidos de beisboleros para pasar desapercibidos, más aún siendo un día de fiesta y el manto o cobertura que llevábamos era que íbamos de un lugar de Matagalpa a Waslala, a sostener un encuentro con un equipo de esa localidad, llevábamos revueltos los guantes con el armamento. Íbamos: Roberto Calderón, William Ramírez, la compañera Raquel Valladares, Rufo y el Comandante Carlos Agüero que después de varios meses en la ciudad reingresaba a la guerrilla. El compañero baquiano nuestro tenía como seudónimo: “El Mil”, porque le gustaba escuchar la “Radio Mil”. Rufo llevaba una cajita de pastillas Redoxon que le habían dado, supuestamente, para aliviarle un poco el malestar del oído. Pasó varios meses con ellas sin usarlas porque decía que para qué se las iba a tomar si solo iban a provocarle más hambre. Ya de por sí el hambre que padecíamos en la guerrilla era un hambre milenaria, un hambre insaciable, un hambre escrita con H mayúscula.

 Rufo con sus manos, únicamente, y un pequeño cuchillo o con un desarmador, componía las armas de la guerrilla. Precisamente el día 8 de diciembre de 1976 ---un día después de La Gritería---, probando un AR-18 en un túnel que habíamos hecho en el campamento central, pudo demostrar una vez más su destreza en este arte. Los disparos, sin saber nosotros, habían sido escuchados por una patrulla de la guardia somocista, que estaba acampada a escasos 250 m. del campamento, y que había tomado la decisión de pernoctar en ese lugar, luego de haber escuchado, igualmente, el corte de leña que a eso de las 5 de la tarde realizábamos todos los días en el campamento. El baqueano de la guardia le aseguraba al teniente que comandaba la patrulla que lo que habían detectado ---el humo y el ruido--- eran los guerrilleros. El teniente por estar atravesando por una zona deshabitada, un centro montañoso, no quería creer y le afirmaba al campesino que seguramente era una de esas casas desperdigadas que habían por ahí y que el ruido de los disparos, que por efecto del túnel seguramente no sonaban como tales, eran triquitraques, celebrando La Gritería.

 Yo me encontraba saliendo de a Leishmaniasis[11] que me afectó las piernas y que me mantuvo postrado durante varios meses y se me encomendó la tarea de ir con una pequeña escuadra en la mañana del 9 a traer maíz, guineos o lo que encontrábamos para el campamento central. Era mi primer salida en varios meses. Me iba a servir para probar que tan reparado había quedado de las piernas y además de eso siempre salir del campamento en esa misión era la posibilidad de romper la rutina tediosa de todos los días que durante meses y años habíamos tenido en el mismo y además la posibilidad de poder cazar un mono o un pavón de monte o un pisote y poder llevar también un poco de carne a nuestros organismos, necesidad sentida permanentemente, como lo eran también el azúcar, la cual también casi nunca probábamos.

 Hubo un atraso en la salida porque El Chino no terminaba de acomodar en la mochila el perol que le tocaba llevar, en el cual cocinábamos. Ese atraso hizo que, seguramente, chocáramos con la guardia en el preciso momento en que la misma se disponía a caerle al campamento. El Chino venía de penúltimo, de último venía William Ramírez, al centro iba yo de jefe de la escuadra, de segundo iba el compañero Crescencio Rosales y de baqueano iba el compañero Martiniano Aguilar, “Mauro”. La guardia aparece por el flanco subiendo la ladera y El Chino y William que venían limpiando la huella, son los que chocan directamente con ellos. Se arma la tirazón. Nosotros no sabemos en un comienzo de que se trataba. Nos habíamos fijado la idea de que ese lugar era inexpugnable, quien sabe por obra y gracia de quién, simplemente por el hecho de que la guardia nunca había penetrado en ese centro montañoso. Inclusive, cuando nos referíamos a ese lugar le llamábamos “territorio liberado”, talvez porque era habitado únicamente por los monos, dantos, pisotes, venados y nosotros.

Este día, era el día en que la guardia, luego de golpes continuos que había venido asestando a nuestras fuerzas, le caería al campamento central de la guerrilla, pero antes tendrían que chocar con la estatura, el coraje y audacia de Rufo Marín. Rufo Marín cayó en ese momento sin darnos cuenta nosotros. Lo sabríamos semanas o meses después a traves del juez de mesta que sirvió de baqueano a la guardia y que fue recogido en su comentario por un colaborador de la guerrilla y llevado a nuestros oídos.

Nos replegamos hacia el campamento por la parte de atrás. En ese momento estaban en el mismo solamente las mujeres campesinas que habían llegado huyendo de la represión somocista, varios niños, tres ancianos que estaban de postas en diferentes lugares y el compañero David Blanco que estaba de responsable del campamento, Emir Cabezas, Edwin Cordero y Raquel Valladares.

 A la llegada nuestra al campamento nos encontramos con Roberto Calderón que acababa de regresar de las cercanías donde se encontraba y que al escuchar los tiros regresó rápidamente con un compañero campesino cuyo seudónimo era Sebastián. Este moriría dos meses después a causa del hambre y quien sabe que otro mal. Nos contamos y vimos que faltaba Rufo. Creímos que se había quedado rezagado, no había donde perderse estábamos recién salidos del campamento. En ese momento no creímos que hubiera caído. Le hicimos frente a la guardia en dos ocasiones más en un combate a quema ropa, a cinco metros o diez metros y nos retiramos del campamento, creyendo que Rufo seguía extraviado y que seguramente al seguir nuestras huellas iba topar con nosotros.

 Rufo Marín era un hombre de sangre fría, yo recuerdo en la historia del Frente (Sandinista de Liberación Nacional) por conocimiento personal, o a través de otros compañeros, a hombres con temple de acero en el corazón, en las piernas y en el puño. Germán Pomares, Juan José Quezada, Oscar Turcios, Fabián Rodríguez Mairena, entre otros, dentro de esos hombres está Rufo Marín. El Chino sabía que luchaba por una causa noble, una causa justa, por una causa por la cual valía la pena arriesgar la vida. Arriesgó la vida en varias ocasiones y entregó su vida definitivamente por esa causa, hace 9 años, un mes y día después de la de su hermano mayor Carlos Fonseca. (Cmdte. de Brigada Hugo Torres Jiménez. “Rufo Marín: un hombre”.

 En Revista Segovia Nº. 4 de noviembre-diciembre 1985. Managua. Órgano de la Dirección Política del EPS. 2ª. época, pp. 44-48

Por Habraham Cubillo



Celebración del 33 aniversario de la Revolución Popular Sandinista...... Barcelona

lunes, 9 de julio de 2012

¿Por qué y cómo fue el Repliegue a Masaya?

Por: Pablo E. Barreto Pérez
Comandante Guerrillero William Ramirez organizando las
milicias
Habían pasado 17 días de heroicos combates en los Barrios Orientales de Managua contra la guardia genocida del somocismo, se habían registrado ya los Repliegues a la Hacienda El Vapor, el de Ciudad Sandino a San Andrés de La Palanca y a Mateare, la Insurrección de los Barrios Occidentales y en particular en San Judas, la banda de asesinos de la guardia genocida del somocismo ejecutó las masacres de Batahola, Kilocho, El Paraisito y la Colina 110, cuando se produjo el Repliegue Táctico a Masaya el 27 de junio en la noche



La Insurrección Final contra la tiranía en San Judas se produjo el ocho de junio. En los Barrios Orientales de Managua, concretamente en Bello Horizonte, la Insurrección comenzó el nueve de junio a las diez de la noche con el grito prolongado de ¡!Patria Libre o Morir, Patria o Muerte, Venceremos¡¡
En Monseñor Lezcano, Santa Ana, Acahualinca, Altagracia, Linda Vista, Cuba y otros vecindarios, el tableteo de metralla contra la guardia se inició el diez de junio. En estos dos sectores de Managua encabezaban la lucha armada Gabriel Cardenal Caldera, Eduardo "el Chele" Cuadra, René Cisneros, Pedro Meza, Adrián Meza Soza, Víctor Romero, Genie Soto y Danilo Serrano, entre otros.

Al producirse las masacres genocidas de Batahola y Kilocho y el Repliegue al Vapor, la Insurrección de los Barrios Occidentales, quedó prácticamente desarticulada, debido a que faltaban armas de guerra y municiones.

Las fuerzas combativas fueron reorientadas hacia el Sector Oriental de Managua, o tomaron rumbo hacia El Crucero, Mateare y Nagarote.

Durante el día 27 de junio de 1979, mientras tanto, el Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano (fallecido recientemente), mandó a explicar a Combatientes Populares, a Colaboradores y población del Sector Oriental, involucrada en la Insurrección Final de Managua, en absoluto sigilo, que esa misma noche se produciría el célebre Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

La explicación sigilosa, por parte de los cuadros revolucionarios, guerrilleros y Combatientes Populares más confiables, indicaba que faltaban armas de guerra y municiones, que la Insurrección Final ya había cumplido sus objetivos de desgastar militarmente a la tiranía somocista en la Capital, que debían salvarse las fuerzas combativas de Managua y que era indispensable fortalecer el Frente Oriental Carlos Roberto Huembes Ramírez, con la finalidad de liberar también ciudades como Granada, fortalecer la liberación de Masaya y sus poblaciones aledañas y encaminarse a asaltar los comandos de la guardia genocida en Masatepe, Diriamba, Jinotepe, etc.

A centenares de combatientes populares y Colaboradores del FSLN no les gustaba la idea del Repliegue a Masaya, porque consideraban que la guardia genocida del somocismo haría una verdadera carnicería en los Barrios Orientales y Suroccidentales de Managua, donde decenas de miles se habían insurreccionado para propiciar el derrumbe y demolición definitiva del aparato opresor de la dictadura somocista o "Estirpe Sangrienta", fundada, entrenada, educada y financiada por el gobierno criminal de Estados Unidos desde en 1927, cuando el traidor José María "Chema" Moncada firmó con el coronel Stimpson el infame "Pacto del Espino Negro", en Tipitapa.

Gracias a ese "Pacto del Espino Negro" y la organización de la Guardia Nacional, Somoza García y su pandilla de asesinos y torturadores, poco después asesinaron a Sandino y a casi todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

A estos Combatientes Populares no les gustaba la idea, pero la realidad era aplastante después del prolongadísimo combate con la guardia en el Barrio El Paraisito, donde se le propinó una derrota militar extraordinaria a la soldadesca criminal del somocismo, aunque habían caído más de 40 combatiente en este sector de Managua, y a partir de ese momento las balas habían escaseado mucho más.

Un avión clandestino del FSLN que pasó tirando sacos de municiones, de noche, sobre los Barrios El Edén y Costa Rica, en esos días, no había cambiado esa realidad militar en relación al poder de fuego de la guardia genocida del somocismo.

Hubo desconcierto. Estos poderosos argumentos militares y de orden estratégico no convencían totalmente a los Combatientes Populares y sus Colaboradores en los sitios insurreccionados del Oriente de Managua.

En completo sigilo

Sin embargo, el Repliegue a Masaya comenzó a organizarse en el más completo sigilo desde más o menos las diez de la mañana del 27 de junio de 1979, hace 27 años. A mi me visitaron "Venancia" (Isabel González) y "el 101", cuyo nombre no recuerdo ahora. "No podemos dejarte, porque te asesinan", me dijo "Venancia".

Se organizó, de manera rápida y hasta en los más últimos detalles, inclusive sobre cómo se llevarían casi un centenar de heridos que estaban alojados en los Hospitales clandestinos del Instituto Experimental México y Silvia Ferrufino Sobalbarro, ambos ubicados en el Reparto Bello Horizonte, específicamente en las Etapas III y IV, los cuales habían sido sometidos a feroz bombardeo aéreo con tres aviones push and pull, dos helicópteros artillados con bombas de 500 y mil libras, más el lanzar de ráfagas de ametralladoras calibre 50 desde lo que se conoció como "el dundo Ulalio", un avión amarillo, de un solo motor, que al parecer era destinado a fumigaciones de algodón.

Cada combatiente y Colaborador sabía de antemano en qué columna y con qué jefe iría.

Cuando comenzó a caer la noche de ese 27 de junio, a las 6:40 pm., comenzamos a salir en gruesas columnas silenciosas, que parecían "cien pies" resbalándose por los costados de paredes y andenes, bajo los árboles, en la oscuridad, procendentes de los Barrios Santa Rosa, Bello Horizonte, Costa Rica, Villa Progreso, Ducalí, Primero de Mayo, Meneses (hoy Barrio Venezuela), Maestro Gabriel, Salvadorita (hoy Cristian Pérez Leiva), El Edén, Larreynaga, Diez de Junio, El Dorado, Don Bosco, Colonia Colombia, San Cristóbal, María Auxiliadora, Ducualí, El Paraisito, San José Oriental...!todos hacia la Calle, ubicada de la Clínica Don Bosco hacia el Este¡, es decir, por donde estaba la Gasolinera San Rafael.

Estos momentos de organización y concentración en un solo punto fueron en un silencio tenso, nervioso, en rigurosa clandestinidad, "hablándonos por medio de "señas" y órdenes de "levanten los pies al caminar", "no hagan ruido", "no lleven objetos que brillen", "no fumen, no enciendan fósforos ni focos de manos.."

Uno de los instantes más peligrosos se vivieron en el "puente colgante" (hoy es puente firme) entre Bello Horizonte y el Barrio Meneses (hoy Venezuela), el cual se mecía como una hamaca larga por el peso de los Combatientes Populares que cargaban a más de 100 heridos, ya fuese en camillas, en hamacas de sacos y mecates o en hombros.

El transporte de los heridos fue, precisamente, la complicación más grande que llevábamos al salir de Bello Horizonte, pues no podían ser dejados allí, a su suerte, porque la guardia los hubiera matado a todos.

Seis mil personas en tres columnas

Puestos en la Calle de Don Bosco, unas seis mil personas entre Guerrilleros, Combatientes Populares, Colaboradores y población en general desarmada, incluidos niños y ancianos, en silencio sepulcral, en una noche oscura y con una llovizna leve, después de 17 días de heroicos combates en la zona Oriental de Managua, después de una lucha tensa y silenciosa para organizarlo durante el día, el Repliegue a Masaya fue organizado en tres grandes columnas:

Una delantera, jefeada por Ramón "Nacho" Cabrales; otra, en la retaguardia, conducida por el Comandante Carlos Núñez Téllez (jefe del Estado Mayor del Frente Interno), y la tercera, la del centro, la más grande, enorme, dirigida por los comandantes William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo y Mónica Baltodano Marcenaros, auxiliados éstos al mismo tiempo por jefes guerrilleros como Walter Ferrety, Osvaldo Lacayo y Marcos Somarriba.

Esta organización del Repliegue en tres columnas finalizó casi a las diez de la noche. A esa hora empezamos a salir por la entonces Farmacia González, en el Noreste de la Colonia Nicarao y luego enrumbamos hacia los semáforos de Rubenia, donde había una barricada inmensa que la guardia no había podido derrumbar.

Tomamos el camino viejo a Sabanagrande, escabroso, lleno de troncos erizos como clavos, hoyos, piedras y bívoras como envoltorios de plantas rastreras, y pasamos rosando las "barbas" de la guardia genocida en Baterías Hasbani, donde la GN tenía acantonado casi un batallón de soldados. La fábrica de Baterías Hasbani, propiedad del somocista Luis Hasbani, estaba donde es hoy el Barrio Pablo Ubeda, en la periferia misma del "Reparto René Schick Gutiérrez".

En medio de esas condiciones eran transportados los heridos mencionados, entre los cuales iban un hombre gordo. La circulación de semejante cantidad de gente silenciosa y en rigurosa clandestinidad, era lento, tan lento, que parecía el desplazamiento de una tortuga tora en la playa arenosa.

Después de las doce de la noche estábamos pasando por el famoso "Tanque Rojo" del Reparto Schick, donde hubo un cruce de disparos con "orejas" del sector; se hizo "un alto", y seguimos por unos potreros, cruzando alambrados, machucando serpientes, charcos y púas de alambres, y oyendo los cantos asustados de pocoyos y de las veloces lechuzas que raudas volaban sobre la multitud silenciosa, conspirativa, insegura ante un futuro incierto que le deparaba en las próximas horas, pues todos recordaban la ferocidad sanguinaria de los guardias genocidas del somocismo.

Muchos llevaban consigo maletas pequeñas de ropa, mochillas con un poco de comida, leche en polvo, mucha sed por la caminata nocturna e invadidos por el miedo o pánico de encontrarse repentinamente con la guardia en esos potreros y caminos solitarios, rumbo a Masaya.

La mañanita del 28 nos sorprendió entre matorrales y zacatales, mientras los rayos matutinos del Sol, color de oro, se filtrababan entre las ramas de los árboles y matorrales y se estampaban también en los rostros desconcertados de los replegados capitalinos.

Un poco después de las siete de la mañana se estaba produciendo el primer incidente militar con la guardia cuando ingresábamos a una finca de la Comarca Veracruz, ubicada del Empalme de Ticuantepe varios kilómetros al Norte.

Allí se produjo un combate con una patrulla de genocidas, los cuales portaban una ametralladora calibre 50, instalada en un camión, el que estaba repleto de tiros. El combate, en medio de una arboleda tupida, fue de aproximadamente quince minutos, durante el cual cayeron dos guerrilleros, que se dijo eran originarios de Matagalpa y Jinotega. Los enterramos en la orilla de un árbol de ceibo (ceibón).

En su huida veloz, los guardias dejaron abandonada la ametralladora calibre 50, el camión y varios miles de tiros y paquetes de cigarrillos. Puestos allí, en la finca de Veracruz, fue cuando nos enteramos de que en ese sitio estaba el grueso del Repliegue a Masaya, es decir, la mayor cantidad de gente, compuesta esencialmente por civiles desarmados y Combatientes Populares poco experimentados.

Asimismo, allí quedó establecido que la columna de Ignacio "Nacho" Cabrales posiblemente ya estaba en Masaya, pues habían capturado camiones y camionetas en el Empalme de Ticuantepe, lo cual les había facilitado el viaje a Masaya, adonde llegaron por el "desvío a San Carlos", es decir, no pasaron por "La Barranca" y la fortaleza de "El Coyotepe".

No se sabía nada de la Columna de Retaguardia, jefeada por el Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Descubren el Repliegue

En esa finca fuimos reorganizados por William Ramírez Solórzano en una sola columna, de dos grandes hileras, y se dio la orden de caminar ordenadamente por una encajonada matorralosa y con la instrucción de "vayan cubriéndose" bajo los árboles, para que la guardia no nos descubra", cuando ya íbamos rumbo a ¨Piedra Quemada", mientras unos cargábamos sacos o costales con bombas de contacto, salveques de tiros, pistolas y rifles 22 sin municiones, y un grupo iba hecho cargo de la ametralladora calibre 50.

Era un poco después de las ocho de la mañana cuando íbamos por esa "encajonada".

Aparentemente, la guardia genocida no había descubierto el Repliegue a Masaya a esa hora del 28 de junio. Los aviones de los guardias genocidas somocistas empezaron a sobrevolar el Repliegue un poco después de la nueve de la mañana, lo cual nos obligó a permanecer acostados y sentado entre la maleza y bajo los árboles de tigüilote, guásimos, chilamates, espinos negros, acetunos, jocotes, jobos, etc., ubicados como dos hileras o alamedas de la encajonada mencionada.

Al parecer, la guardia se convenció de que esta movilización popular militar insurreccional iba en ese rumbo cuando ya eran cerca de las diez de la mañana, pues ya en ese momento comenzaron los aviones a sobrevolar bajitos, rasantes, amenazantes sobre la encajonada, que nos conducía hacia el camino a Piedra Quemada.

Bombardeo infernal y mortal

Fue imposible ocultarnos por mucho tiempo. Teníamos que seguir caminando porque la meta era llegar a Masaya. Cuando entramos a Piedra Quemada, más o menos a las 11 de la mañana, empezó el bombardeo aéreo en lo fino. Eran lanzadas a granel desde tres aviones push and pull y dos helicópteros centenares de rockett y bombas de 500 y mil libras, cuyas explosiones y charneles sobre casas y columnas de seres humanos provocaban estruendos y daños aterradores.

Aquello fue realmente un infierno. El pánico se generalizó entre los campesinos locales y los replegados, especialmente los que eran civiles, los que corrían desesperados de un lado a otro, en vez de buscar protección o perapeto entre las rocas y los troncos de los árboles en Piedra Quemada.

Algunas casitas campesinas volaban en mil o millones de pedazos, mientras a mi alrededor centenares de jóvenes, hombres y mujeres inexpertos, atrapados por el pánico, corrían sin cesar en busca de protección, lo que les acarreó la muerte en segundos. Los charneles de los morteros y las bombas de 500 libras los partían también a ellos en pedazos. Decenas cayeron muertos a mi lado o heridos mortalmente, lo que aproveché para hacerles fotos en los estertores de la muerte.

El bombardeo feroz duró casi tres horas continuas. Durante un breve "descanso" de los pilotos somocistas de la muerte, se pudo apreciar que la mortandad posiblemente llegaba a cien y más de un centenar de heridos.

Cuando cesó un poco el bombardeo como a las dos de la tarde, el grueso de los replegados (guerrilleros y civiles) siguieron por el camino viejo a Nindirí, por donde iban cargando a los heridos y parte de los muertos en el bombardeo.

El bombardeo se reinició un poco después de la tres de la tarde, y esta vez lo concentraron en los alrededores de Nindirí, la Carretera a Masaya y La Barranca, por donde ya se movían los Combatientes Populares y los replegados, tanto sanos como heridos.

Al llegar a Nindirí, cayó la combatiente popular Marta Lucía Corea, una muchacha jovencita de Bello Horizonte, quien tenía apenas 17 años. Un charnel de rockette, lanzado desde un push and pull por los aviadores somocistas, le partió la vida.

Ya puesto en Nindirí, se organizó nuevamente el Repliegue para que todo mundo diera una comidita ligera y a disponerse a seguir hacia la Ciudad de Masaya, la cual estaba ya tomada, mientras la pandilla de asesinos, jefeados por el general genocida Fermín Meneses Cantarero, había huido y estaba posesionada de la Fortaleza de El Coyotepe, ubicada al Este de Nindirí, y desde donde bombardeaban constantemente a los Barrios de Masaya.

Por los desfiladeros de la Laguna de Masaya

La columna central del Repliegue Táctico a Masaya fue reorganizada más cuidadosamente para caminar, esta vez, por los desfiladeros profundos de la Laguna de Masaya, en el lado Noreste, con la finalidad de sortear a la guardia genocida, que estaba acantonada y superarmada en La Barranca y El Coyotepe, donde tenían instalados lanzamorteros, ametralladoras 50 y abastecimiento técnico-militar para los guardias que estaban todavía en la Fábrica de Clavos-INCA.

Fueron los momentos más peligrosos desde el punto de vista de la movilización, en silencio total, despacito, arrastrándonos en los desfiladeros y piedras, tocando con las manos el sitio en que íbamos a poner los pies calzados o descalzos, en la oscuridad completa, para, finalmente, llegar a Masaya con un peso de cansancio profundo, multiplicado por el miedo a perder la vida, ante la posibilidad de recibir una ráfaga de metralla o los charneles de las bombas de 500 libras y de los rockettes lanzados desde aviones y desde las alturas de la Fortaleza de El Coyotepe, donde los asesinos y torturadores de la Guardia Nacional aún estaban posesionados de poder y fuego mortal.

Esta caminata lentísima y peligrosa comenzó a las siete de la noche. Entre esta hora y la una de la mañana, apenas caminamos unos dos kilómetros hasta San Carlos, adonde los replegados llegamos más o menos a las dos de la mañana.

Era el 29 de junio en la madrugada. Centenares de pobladores y combatientes de Masaya estaban esperando allí a los replegados, los cuales fueron recibidos con vítores, abrazos efusivos, acompañado todo esto con tibio y café calientes, tortillas tostaditas con cuajada y frijolitos fritos.

Estábamos en Territorio Libre de asesinos. Los replegados fuimos llevados por una calle tachonada de minas, debido a lo cual nos decían dónde debíamos poner los pies. Los sitios en que había bombas estaban marcados con unos puntos blancos.

El cansancio era acentuadísimo. Aquella masa de Combatientes y pobladores civiles de Managua fueron ubicados en el Colegio La Salle y en los Barrios San Miguel y Monimbó, donde durmieron sobre tablas, troncos gruesos y en el suelo hasta las seis de la mañana, hora en que fueron formados para organizar inmediatamente los asaltos o tomas de las ciudades de Granada, Jinotepe, Diriamba, Masatepe y la misma Ciudad de Las Flores (Masaya), cuyo lado Norte estaba ocupado por bandas de asesinos y torturadores de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad de Somoza, que era lo mismo que decir "dinastía", dictadura militar o tiranía genocida del somocismo.

Asimismo, una gran cantidad de estos Combatientes Populares de Managua llegaron a reforzar las filas combativas de Masaya, mientras la columna jefeada por el Comandante Carlos Núñez Téllez llegó hasta el mismo 29 en la tarde, debido a que tuvieron que hacer una gran vuelta por el lado Sur de la Laguna de Masaya, como yendo hacia los Pueblos Blancos o Brujos o hacia Masatepe. Para evadir a la guardia genocida en El Coyotepe, habían tomado un camino al Este de Ticuantepe, que los condujo a salir por detrás del Cerro Ventarrón y de los cráteres del Volcán Masaya.


* Tomado del libro "20 Años cumplidos-Crónicas del Triunfo y dos Repliegues Tácticos del FSLN"y de "Repliegue Táctico a Masaya", de Pablo E. Barreto P., periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital y concejal del Frente Sandinista en Managua.






sábado, 7 de julio de 2012

Paraguay: Denuncian maniobra oficial para neutralizar protestas


Organizaciones políticas y sociales paraguayas denunciaron que el Gobierno lanzó acusaciones a Venezuela y otros países para implantar confusión y neutralizar la creciente oposición a la destitución del presidente constitucional, Fernando Lugo.
Altos funcionarios y miembros del Parlamento involucrados en el juicio político a Lugo siguen atacando al canciller venezolano, Nicolás Maduro, alegando que pidió a jefes de las fuerzas armadas paraguayas rebelarse contra el golpe de Estado.
La presentación de un video tomado por las cámaras de la Casa de Gobierno que se esgrimió como prueba acusatoria, resultó débil elemento, pues apenas muestra a los cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en sus gestiones para evitar un quiebre institucional en un país miembro.
Ante la debilidad de la prueba, el Gobierno admitió que el video está ahora en un laboratorio especial para tratar de conseguir sonidos de los cuales carece, lo cual despertó sospechas de su manipulación y el calificativo de montaje para satisfacer el plan oficial.
Durante una comparecencia televisiva la ministra de Defensa, María Lyz García, confirmó que el famoso video esta en manos de técnicos del laboratorio y admitió que aún no se puede decir que existen pruebas concluyentes del supuesto pedido de Maduro a los militares.
Sin embargo, a la misma hora, la cancillería paraguaya anunció el retiro de su embajador en Caracas y la declaración de persona no grata del jefe de la misión diplomática de Venezuela aquí, alegando la misma acusación de intervención extranjera.
Mucho más sugerente en esa comparecencia de la ministra fue que extendió la insinuación de intervencionismo a otros países del Cono Sur con ideología bolivariana y sugiriendo el derecho a apelar a instancias internacionales para la defensa de Paraguay.
Todo lo anterior provocó una declaración del Frente Guasú, que agrupa a partidos y organizaciones de izquierda, llamando la atención sobre la maniobra oficial y el intento de desviar la atención nacional e internacional de la creciente condena al gobierno de Federico Franco.


 (Tomado de Cubadebate, con información de Prensa Latina)




Mensaje del Ex Presidente Lula Da Silva al XVIII Encuentro del Foro de Sao Paulo

El revolucionario

"... sean capaces de sentir en lo más profundo cualquier injusticia, cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo, pués es la cualidad más linda de un revolucionario..."

Ernesto Guevara de la Serna - Che

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